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domingo, 7 de febrero de 2016

Más sobre la audición de las rapaces.

Una de las cualidades menos valoradas de las rapaces es la audición de la que ya hablamos en el blog en este post anterior (El oído en las aves rapaces). Tradicionalmente los estudios sobre cómo oyen los pájaros no han sido muy numerosos y este sentido siempre ha permanecido a la sombra de la vista, sin duda, el sentido más desarrollado entre las aves. Pero esto no quiere decir que el oído sea deficitario en los pájaros, de hecho, muchos de ellos escuchan muy bien.

Un ejemplo de ello son las rapaces nocturnas, los búhos y las lechuzas hace gala de una audición muy buena, apoyada incluso en adaptaciones anatómicas sorprendentes como su disco facial, lo que comúnmente conocemos como su rostro con forma de corazón, que garantiza que los sonidos sean dirigidos hacia los oídos y otra adapación es la propia situación de éstos, dado que se encuentran colocados asimétricamente en la cabeza de este grupo de aves. Estas cualidades hacen que el nivel auditivo de búhos y lechuzas sea muy elevado, lo cual es un arma muy poderosa para encontrar a sus presas en la oscuridad de la noche.

En el siguiente vídeo podemos comprobar la buena audición de la que gozan las lechuzas y además podemos observar una estrategia de caza que utilizan este tipo de aves y otras como por ejemplo los aguiluchos (que también escuchan muy bien) que consiste en un planeo bajo y el ataque por sorpresa de las presas que escuchan entre la espesa vegetación. Merece la pena ver las imágenes.


martes, 28 de abril de 2015

Así giran el cuello los búhos.

Las aves rapaces en general y los búhos en partícular tienen una vista privilegiada. Sus ojos han evolucionado y se han hecho tan grandes a comparación del cuerpo que no han dejado espacio para los músculos que se encargan del movimiento de los mismos, por eso, tienen que suplir esa carencia de movilidad con otra estrategia, que consiste en tener una capacidad de movimiento en el cuello asombrosa. Los búhos son capaces de girar el cuello hasta 270º, lo que presenta otros problemas, como la irrigación de la cabeza, que también han sido capaces de solventar.

En este vídeo, Rubén Lijó, amigo y gran divulgador científico, explica perfectamente todos estos problemas y soluciones del cuello de búhos y lechuzas. Quiero dar las gracias desde aquí a Rubén por contar conmigo en este vídeo y apostar por mis dibujos a la hora de ilustrar el vídeo. Para mí ha sido un verdadero placer colaborar en este proyecto. Espero que disfrutéis mucho del grandísimo resultado.


martes, 1 de abril de 2014

"Guía de identificación de rapaces por restos óseos" en descarga directa.

Hace muy poco que se publicaba esta "Guía de identificación de rapaces por restos óseos" de Víctor García Matarranz y que ahora es posible conseguir gratuitamente gracias a que desde la página web del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente han colgado el libro para su descarga.

Este primer volúmen (en total serán tres) está dedicado a los restos óseos de las grandes rapaces ibéricas y es un manual muy práctico para identificar restos que se pueden encontrar en el campo o en colecciones museísticas. Entre las especies tratadas en este volumen se pueden encontrar el quebrantahuesos, los buitres leonados y negros, el águila real, el águila imperial, el águila perdicera, entre otros. Para las siguientes entregas quedan las rapaces de menos tamaño.

Podéis acceder al libro pinchando en la siguiente foto de la portada de la obra. Espero que la disfrutéis.

http://www.magrama.gob.es/es/biodiversidad/publicaciones/guia-identificacion-rapaces-restos-oseos-1parte_tcm7-316904.pdf

A continuación os dejo la introducción de la obra donde se exponen los objetivos que se prentenden cubrir con esta obra tan práctica:

INTRODUCCIÓN

Esta guía pretende ser una herramienta de trabajo para aquellos que encuentren restos de aves y deseen llegar a determinar a qué especie pertenecen.

Existen numerosas y guías de identificación de aves por su plumaje, pero no es tan fácil encontrar información referente a la descripción de especies por su esqueleto, con el ánimo de ayudar a completar este campo se ha realizado este estudio.

Se trata de un acercamiento a la clasificación de algunas de nuestras especies amenazadas a través de sus restos óseos y pretende ser un documento de consulta ágil y rápido.

Está pensada para que se pueda utilizar en el campo, sin necesidad de recurrir a medidas que vayan más allá de la utilización de un metro y un calibre. Incluso éstos no serán necesarios, en muchos casos.

Por otro lado, para una correcta identificación se necesita una muestra más o menos grande de restos. En el caso de no disponer de ella habrá que recurrir a los especialistas que pueden hacerlo con un simple trozo de hueso.

Aunque la mortalidad de las rapaces se produce por múltiples fenómenos, suele ser bajo tendidos eléctricos donde mayor concentración de restos se puede encontrar.

El objetivo de este trabajo es animar a que se recorran estos tendidos y que se compruebe si hay restos de aves electrocutadas. De esta forma se podrá establecer la peligrosidad de las líneas y su impacto sobre las especies amenazadas.

Con ella el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente dota a los interesados de una nueva herramienta para la optimización de los fondos destinados a alcanzar los objetivos del Real Decreto 1432/2008 de 29 de agosto, por el que se establecen medidas para la protección de la avifauna contra la colisión y la electrocución en líneas eléctricas. Tratando de priorizar la corrección de forma correspondiente a su peligrosidad para la conservación de nuestra fauna.

Por eso se ha comenzado por las especies de aves más amenazadas que presentan un alto número de muertes por electrocución.

jueves, 3 de octubre de 2013

El azor tachiro, sembrando el pánico en el bosque.

Alguna vez me he referido en el blog a las rapaces forestales. Especies como los azores, los gavilanes... que tienen unas habilidades portentosas para desenvolverse en la densa red de ramas de los bosques. Para ello cuentan con una morfología adaptada a tal fin. De esta manera, cuentan con unas alas más cortas y redondeadas en promedio que sus parientes rupícolas o planeadoras, que les permíten volar por lugares estrechos con una gran potencia y poseen una cola alargada con la que son capaces de cambiar bruscamente de dirección para capturar a las presas que intentan darles esquinazo.

En el vídeo que sigue podemos ver una buena muestra de estas capacidades, así como advertir la típica morfología de una especie perfectamente adaptada a este terreno forestal. Se trata de un azor tachiro (Accipiter tachiro) que habita en bosques africanos y es endémico de África subsahariana. Suele cazar al acecho desde perchas ocultas dentro del dosel arbóreo aunque también recorre volando trechos de espesura antes de precipitarse por sorpresa sobre las víctimas y a veces también persigue aves en vuelo abierto o dentro de la vegetación densa. Entre las presas de las que se alimenta encontramos principalmente aves (paseriformes, tórtolas, cucos, llegando a capturar cálaos y trogones...), pequeños mamíferos (ratas, musarañas, ratones...), ranas, lagartos y camaleones, siendo estos especialmente importantes en ciertas poblaciones de la rapaz como las que habitan en Kenia, donde los camaleones se convierten en su presa más habitual. En el vídeo podemos ver una espectacular captura de un ratón.


viernes, 19 de abril de 2013

¿Cómo giran el cuello las lechuzas?

Sabéis que las aves nocturnas no tienen la capacidad de mover los ojos como por ejemplo lo hacemos nosotros, los humanos. Para contrarrestar esta carencia lo que poseen es una movilidad en el cuello enorme que les permíte girar la cabeza de una manera impresionante. He encontrado este vídeo donde explican de una manera fenomenal cómo los búhos y las lechuzas pueden girar el cuello unos 270º sin patírselo, ni obstruir las venas que riegan de sangre la cabeza. Merece mucho la pena verlo. ¡A disfrutarlo!


miércoles, 18 de julio de 2012

¿Por qué el alimoche tiene la cara amarilla?

El alimoche (Neophron percnopterus) es el más pequeño de los buitres que habitan en la península ibérica pero no por ello guarda menos interés que el resto. Es más, acapara una jugosa colección de curiosidades. Hoy nos vamos a ocupar del intenso y llamativo color amarillo que presenta en gran parte de la cabeza, sin duda una de sus señas de identidad más destacables. No olvidemos que es el único buitre en el mundo con la cara completamente amarilla.

Es bien conocido que los alimoches juveniles no muestran ese color amarillo en la cara, siendo grisáceo y con ciertos tonos azulados y entre los ejemplares adultos se puede observar cierta variación de intensidad en el color. Varias preguntas nos asaltan con ello: ¿cómo adquieren ese color amarillo? y ¿para qué? Un grupo de investigadores de la Estación Biológica de Doñana estudió el enigma y como resultado publicaron un artículo en Nature desvelando el misterio.

Alimoche (Neophron percnopterus) en vuelo donde se aprecia su característico rostro amarillo.

De esta manera, descubrieron que la razón por la que el alimoche luce ese color amarillo en la cara se debe a los carotenoides, que son unos pigmentos de origen vegetal. Esto llevaría a pensar que el alimoche incluye vegetales en algún punto de su dieta, pero eso no ocurre. ¿Entonces de dónde los obtiene? Pues se observó que la luteína es el principal pigmento presente en el alimoche y ese pigmento procede de los huevos de otras aves, de insectos como los saltamontes y principalmente de las heces de cabras, ovejas, vacas y otros ungulados silvestres. Así, se observó experimentalmente que ofreciendo excrementos como alimento a un grupo de alimoches controlado, se intensificaba en éstos el color amarillo de sus caras. Esta conducta de alimentarse de excrementos ya había sido observada y había quedado reflejada en la cultura popular ya que en muchos puntos del Valle del Ebro a los alimoches se los llama "comemierdas" debido a ese hábito de hurgar en las heces. Esto demuestra la sabiduría que recogen todos los dichos populares. Pero faltaba darle la interpretación adecuada.

Esa interpretación también llegó de la mano del citado estudio. De esta manera, esos carotenoides que intensifican el color amarillo de la cara del alimoche parecen jugar un papel importante en la selección sexual, de forma que los alimoches con la cara más amarilla tienen más éxito con sus parejas y además parecen indicar un alto rango jerárquico, de manera que a más color amarillo, más dominante es el individuo que lo exhibe. A su vez, estos carotenoides presentan propiedades antioxidantes y de refuerzo del sistema inmune. Esto es debido a que la ingesta de esos pigmentos tiene consecuencias para los alimoches, dado que nutricionalmente los excrementos les aportan muy poco pero consumirlos en exceso favorece la presencia de parásitos en el intestino, por lo que sólo los individuos que estén en unas óptimas condiciones serán capaces de no verse afectados y de mostrar un color amarillo muy llamativo, que les confiere el consiguiente incremento reproductor.

lunes, 10 de octubre de 2011

El olfato en las aves rapaces.

Hasta hace unas pocas décadas se pensaba que el sentido del olfato no estaba muy desarrollado, en cambio, nuevas investigaciones demuestran que tiene una importancia mayor de lo que se creía, llegando a estar bastante desarrollado en algunas especies. Algunas de esas investigaciones abordan el tema desde una perspectiva genética, estudiando los genes de los receptores olfativos, los cuales se expresan en neuronas sensoriales dentro del epitelio olfatorio, y constituyen la base molecular del sentido del olfato. El número total de genes de los receptores olfativos en un genoma puede reflejar cuántos diferentes olores puede detectar o distinguir un animal. De esta manera, se demostró que el kiwi marrón de Nueva Zelanda (Apteryx mantelli), por ejemplo, tiene cerca de seis veces más genes para sus receptores olfativos que el herrerillo común (Parus caeruleus)  o que el canario (Serinus canaria). Otro ejemplo de aves que gozan de un buen olfato son los petreles y otros Procellariformes que utilizan este sentido para la orientación a corta distancia hacia sus nidos y para buscar alimento.

No existen muchos estudios referidos al olfato en aves rapaces. Las ventanas nasales en este grupo de aves se encuentran en la cera (cuya función se desconoce) situada en la base de la mandíbula inferior. Durante mucho tiempo sólo se contó con observaciones esporádicas en el campo. Así, se aseguraba que el Aura gallipavo (Cathartes aura) que vive en América, utilizaba el olfato para localizar su alimento con el subsecuente desarrollo olfativo. Experimentalmente se demostró que no sólo el Aura gallipavo localizaba carroñas gracias a su olfato sino que también lo hacían otras dos especies, el aura selvática (Cathartes melambrotus) y el aura sabanera (Cathartes burrovianus). Para ello se enterraban pollos muertos bajo hojas secas de los bosques y estos pequeños buitres eran capaces de localizarlos.

Aura gallipavo (Cathartes aura). Fotografía: Maxime Dechelle.
 
 Muy relacionado con el sentido del olfato se encuentra el del gusto. En aves es todavía menos la información que se tiene sobre el gusto que sobre el olfato aunque por estudios anatómicos se ha visto que está presente ya que existen papilas gustativas. Además, la experiencia de los cetreros revela que algunas de sus aves de presa son bastante recelosas con el tipo de carne. Aunque poco más se conoce. 

viernes, 22 de abril de 2011

El oído en las aves rapaces.

Las aves tienen un espectro auditivo similar al humano. Según un informe de investigación (Schawartzkooff 1973) alcanzan un límite superior a los 10-20 kHz (incluso más en algunos búhos) y un límite inferior a los 50-300 Hz. Las Strigiformes son excenciones a la regla porque dependen de una ancha banda de sonido para detectar a las presas. Por otra parte, existen pruebas de que las palomas domésticas e incluso las bravías (Columba livia) tienen un pico de sensibilidad adicional en la franja de los infrasonidos que podría darse en otras especies. Con todo, se desconoce si las aves pierden capacidad auditiva con la edad.

Algunos búhos presentan el cráneo asimétrico para localizar los sonidos de manera más precisa. Otra diferencia significativa de los humanos respecto de las aves es la mayor capacidad que tienen ellas para diferenciar secuencias de sonidos de intervalo muy corto, que las ayuda en el reconocimiento individual de la pareja, de los vecinos territoriales y de los pollos.

Búho real, especie nocturna donde es posible apreciar el disco facial que potencia la audición al conducir los sonidos hacia los conductos auditivos del oído.

Se ha estudiado muy poco la capacidad auditiva de las rapaces aunque se cree que se ajusta al general de las aves. Es posible que los aguiluchos tengan potenciado este sentido al igual que los búhos y lechuzas, debido a su disco facial. La presencia de este disco parece estar relacionada con su modo de caza consistente en sobrevolar a uno o dos metros la densa vegetación y un oído muy desarrollado sería un complemento ideal para la vista.

Además, las partes más profundas de las plumas auriculares están modificadas con el fin de mejorar la audición. Esas modificaciones afectan a la longitud y la ausencia de bárbulas para canalizar mejor el sonido.

A su vez, parece ser que numerosos paseriformes han desarrollado una estrategia adaptativa en su canto para confundir a las aves rapaces desorganizando sus capacidades auditivas. Esta estrategia consiste en una variación en el diseño del tono y estructura de su reclamo para minimizar la posibilidad de que el depredador localice a la presa.

miércoles, 9 de febrero de 2011

La visión en las aves rapaces.

En las aves, la vista es, casi siempre, el sentido más importante, con el oído en segundo lugar y el olfato en un pobre tercer puesto. La de las aves es una vida aérea y a alta velocidad. En estas condiciones, la vista y el oído son claramente más útiles que el olfato. La importancia de los ojos en las aves se refleja en su tamaño, de hecho, los ojos de un águila se parecen en dimensiones a los de los humanos, aunque el animal sea mucho más pequeño.

Los ojos de las aves son relativamente inmóviles, son tan grandes que dejan poco espacio en el cráneo para los músculos. Esta carencia se ve compensada con una alta movilidad del conjunto de la cabeza (Extraordinaria en búhos y lechuzas como se apuntará más adelante).

Durante el último medio siglo, la vista de las rapaces ha sido muy estudiada por los fisiólogos, evaluándola de modos muy distintos. Aunque el problema es más complejo, la discusión, habitualmente, se ha centrado en la agudeza visual o en la capacidad para distinguir detalles finos.

Águila real (Aquila chrysaetos)
En la zona de máxima densidad del receptor, la retina del Busardo ratonero (Buteo buteo) tiene 2,2 veces más células (conos) por unidad de longitud que el hombre (Rochon-Duvigneaud 1943). Esto no quiere decir que la agudeza visual, corregida para el tamaño del ocular, sea dos veces mayor que la del hombre. La retina de las aves se organiza de una manera muy diferente a la del hombre y el resultado neto, medido como resolución visual, podría ser mejor o peor que esa cifra. En realidad, los datos de inervación de conos en los ojos de las aves (Meyer 1977) y el estudio del comportamiento parecen ser la respuesta correcta de este asunto.

Al estudiar la visión de las rapaces, no debemos olvidar que la resolución de los detalles está estrechamente relacionada con el tamaño absoluto del ojo siempre que las características ópticas y la densidad del receptor sean más o menos iguales. Por tanto, las águilas y los buitres de mayor tamaño deberían estar mejor equipados que las rapaces más pequeñas para explorar sus territorios. Mediante la respuesta frente a dibujos de enrejado, un Cernícalo americano (Falco sparverius) alcanzó 2,6 veces el índice visible para un ojo humano (Fox et al. 1976) y más tarde, para la Culebrera congoleña (Dryotriorchis spectabilis) se demostró un poder de resolución similar al del cernícalo para distancias focales cercanas a las nuestras. Esto podría deberse a una adaptación visual a las necesidades ecológicas de cada especie, como el tamaño de la presa o al del territorio de campeo.

Sea cua sea la explicación, una diferencia fundamental entre la capacidad visual de aves y humanos es que, al igual que nosotros tenemos una visión "foveal", con una visión aguda tan sólo en el centro mismo de la retina, casi todas las aves diurnas tienen una gran proporción de conos (células que permíten una gran definición de la vista en color) en toda la retina, en correspondencia con una gran parte de su campo de visión. Debido a la posición más lateral de sus ojos, ese campo es significativamente mayor que el nuestro (aunque no es mayor en el caso de los Strigiformes, es decir, búhos y lechuzas, que compensan la posición más central de sus ojos con la capacidad de girar la cabeza casi 180º a cada lado). Estos dos factores confieren a las aves una sensibilidad visual mayor que la de los humanos. Por lo demás, muchas rapaces y otras especies que necesitan mucha precisión para cazar y alimentarse (colibríes, martines pescadores, golondrinas...) tienen dos fóveas en cada retina y son capaces de ver con una gran eficacia.

Aunque las rapaces diurnas no son equiparables a los búhos y lechuzas en cuanto a visión binocular, sus ojos están más dirigidos hacia delante que los de la mayoría de las aves (pensar en gansos, palomas, limícolas...) por lo que tienen un campo de visión binocular más amplio que el de esas otras especies. Este aspecto está  especialmente pronunciado en las águilas culebreras (Géneros Spilornis y Circaetus) probablemente porque la manipulación de especies peligrosas requiere una estimación aún más precisa de la distancia. La calidad de la imagen se ve potenciada por la posición temporal de la segunda fóvea en todas las rapaces, lo que parece ser selectivamente útil para la visión binocular.

Otra importante ventaja de las aves frente a nosotros, es su gran poder de resolución del movimiento respecto del tiempo. Su denominada frecuencia de titilación-fusión (el intervalo de tiempo requerido para separar dos impresiones visuales) es casi de un 50% mejor que la nuestra. Para muchas rapaces esto es de vital importancia durante las maniobras dentro del bosque o para apreciar los cambios de trayectoria  y velocidad de las presas.

Por lo demás, la visión de las aves es más compleja que la del hombre y en una serie de especies cubre una gama más amplia en el extremo de ondas cortas del espectro, adentrándose bien en el ultravioleta (Maier 1994). Las aves tienen también dos tipos distintos de conos (nosótros sólo tenemos uno), cuatro o cinco pigmentos sensibles al color (nosotros sólo tres) y un intríncado dibujo de gotitas de aceite de colores dentro de los conos para incrementar el contraste en distintas partes del campo visual.


La compleja arquitectura asimétrica de la retinada puede explicar un extraño detalle del comportamiento de las aves. Una rapaz que examina un objeto distante situado justo delante puede girar su cabeza hacia un lado para fijar el objeto con la fóvea central de uno de los ojos, en vez de con las fóveas periféricas de ambos (al ser la central mejor que estas dos) y cuando examinamos un ave en vuelo coronado, es frecuente que por la misma razón la veamos ladeando la cabeza.

Por tanto, en principio las aves tienen una mayor eficiencia visual que el hombre y en todo caso muy superior a la de los mamíferos no primates, que suelen tener más desarrolado el sentido del olfato. En cambio, las aves pequeñas no tienen una agudeza de imagen foveal comparable a la humana.

lunes, 31 de enero de 2011

Introducción

Bajo la etiqueta de aves rapaces se engloba un grupo de aves con unas características morfológicas y comportamentales similares, que gozan de adaptaciones semejantes con la finalidad de capturar presas vivas, a pesar de que algunas de estas especies se han especializado en alimentarse de carroña.

A pesar de estas semejanzas, hoy en día, parece claro que su origen es polifilético, es decir, no todas las espcies proceden de un mismo antecesor común si no que ha sido mediante un proceso de convergencia lo que ha conducido a esa uniformidad de rasgos morfológicos, fenotípicos, etc.

Dentro de lo que comúnmente se denominan rapaces, hay dos grupos bien diferenciados según su máximo período de actividad a lo largo del ciclo diario. De esta forma, podemos encontrar rapaces diurnas (Águilas, buitres, halcones, etc.) y rapaces nocturnas (Búhos, lechuzas...).

Ambos grupos se caracterizan por poseer una serie de adaptaciones encaminadas a la busca y captura de presas, por lo que gozan de una vista muy desarrollada, una capacidad de vuelo magnífica, unas garras potentes y afiladas y un pico igualmente robusto y con gran capacidad para despedazar carne. Estas adaptaciones son comunes en todas las especies que nos ocupan, presentando, a su vez, ciertas especializaciones que, cada una de las cuales, hacen que estas especies sean únicas e inigualables.

Con este espacio quiero dar a conocer, al mismo tiempo que aprendo yo, cada una de las características que hacen de este grupo de aves, uno de los conjuntos de animales más fascinantes con los que el ser humano comparte el medio ambiente.