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miércoles, 20 de marzo de 2013

Muladar.

Los muladares son zonas acondicionadas específicamente donde se depositan los cadáveres, principalmente de animales de ganadería, con el fin de que las aves carroñeras o necrófagas den buena cuenta de ellos. Tradicionalmente han estado asociados a zonas de gran producción ganadera de manera que se establecía una relación mutualista donde, tanto los ganaderos como la fauna que iba a alimentarse en estas zonas, se veían beneficiados. Los ganaderos, porque podían deshacerse de los cuerpos de los animales muertos de una manera sencilla y barata y los animales carroñeros porque tenían una fuente de alimentación abundante y más o menos estable.

Con la enfermedad de las vacas locas, los controles sobre esos animales muertos se hicieron más estrictos y se prohibió abandonar las reses muertas en el campo, ni siquiera en los muladares, por lo que esas fuentes de alimento desaparacieron y las poblaciones de aves necrófagas se vieron resentidas. Afortunadamente, la enfermedad remitió y nuevamente se están haciendo aportes a muladares que habían perdido su actividad con lo que las poblaciones se están viendo de nuevo reforzadas en bastantes puntos de nuestra geografía.

Recientemente, he encontrado este vídeo en la red donde podemos ver fotografías e imágenes de diferentes animales que frecuentan los muladares para alimentarse en ellos. Aunque tenemos la imagen de un muladar asociada a los buitres, son muchos más los animales que acuden. En el vídeo podéis encontrar una buena representación de toda esa fauna atraída por esa fuente de comida. Evidentemente, las estrellas son los buitres leonados, el buitre negro, el alimoche y el quebrantahuesos, las cuatro especies de buitres presentes en España, pero no sorprende encontrar milanos negros, milanos reales, todo tipo de córvidos... Disfrutad de este vídeo obra de David Gómez.


martes, 20 de diciembre de 2011

El cainismo.

La mayor parte de las rapaces ibéricas ponen más de un huevo, excepciones a ello son el águila culebrera (Circaetus gallicus) y los buitres que cuentan con un sólo huevo en sus puestas. El resto de rapaces no pone todos sus huevos a la vez lo que produce un fenómeno denominado asincronía de eclosión o eclosión asincrónica, porque la hembra empieza a incubar desde que pone el primer huevo. Los huevos se ponen generalmente con dos o tres días de intervalo, aunque también existen intervalos de un día, de cuatro e incluso de cinco. Por lo general, cuanto más grande es la rapaz, mayor es el intervalo de tiempo entre huevos. También es cierto que la incubación no es tan intensa al comienzo, de esta forma una puesta de gavilán (Accipiter nisus) de cinco huevos que por ejemplo se realiza en ocho días, eclosionará con un intervalo de uno a tres días entre el pollo mayor y el menor.
Pero esta diferencia de tiempo entre eclosiones es suficiente para que se aprecien diferencias sustanciales en tamaño entre los pollos provocando un desfase en el crecimiento de los hermanos. En algunas especies como el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) o las grandes águilas ha evolucionado un mecanismo adaptativo que recibe el nombre de cainismo, en referencia al pasaje fraticida entre Caín y Abel. Este fenómeno contribuye a que los pollos que sobrevivan estén en unas mejores condiciones lo que constituye un claro exponente de la selección natural.

En nidos como el de este milano negro (Milvus migrans) se produce una eclosión asincrónica que determina unas diferencias de tamaño entre las crías.

Lo que ocurre en estas especies es que el pollo de mayor edad y por tanto de mayor tamaño, en función de la disponibilidad de alimento puede picotear y agredir a sus hermanos menores provocando su muerte y así asegurándose que todo el alimento que sean capaces de llevar sus padres al nido irá destinado a él. Otras veces basta con que el pollo de mayor tamaño acapare el alimento de los más pequeños, muriendo estos por inanición.

Este fenómeno se manifiesta con mayor frecuencia cuando el alimento es escaso. Es un principio duro pero justificado biológicamente que asegura que sobreviven únicamente aquellos jóvenes que pueden ser alimentados en un estándar aceptable.

lunes, 18 de julio de 2011

El estrés impide a los milanos negros jóvenes reproducirse.

Un estudio de científicos de la Estación Biológica de Doñana y la Universidad de Washington ha revelado que un alto porcentaje de milanos negros jóvenes padecen estrés y no se emparejan ni construyen un nido hasta cumplir los siete años.
Los machos solteros muestran unos niveles de respuesta al estrés muy superiores a los de aves reproductoras y no todas se emparejan y construyen un nido al llegar la primavera, según ha informado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Este estudio llevado a cabo en Doñana revela que una gran parte de los milanos negros (Milvus migrans) son aves jóvenes que ni se emparejan ni construyen nido y que esta situación, que puede prolongarse hasta la edad de siete años, ocurre a pesar que estas aves retornan cada primavera desde los cuarteles de invernada en África, tras recorrer miles de kilómetros.

Pareja de milanos negros.
 Los investigadores de la Estación Biológica de Doñana midieron los niveles de varias hormonas sexuales para concluir que las aves jóvenes son, desde un punto de vista fisiológico, tan competentes y sexualmente maduras como los reproductores de mayor edad.
Por tanto, el problema para reproducirse radica en el estrés que los machos solteros sufren cuando los milanos de mayor edad monopolizan los lugares de reproducción al impedir su acceso a unos territorios de cría que son limitados.
En el caso de las hembras el patrón se invierte y son las jóvenes solteras quienes muestran un menor estrés. Unas diferencias que también pueden ser explicadas por el proceso de competencia territorial, que tiene un carácter predominantemente masculino en la mayoría de las aves monógamas.
Esta conclusión ha sido publicada en la edición de julio de la revista Physiological and Biochemical Zoology, como resultado de la investigación de científicos de la Estación Biológica de Doñana, y el CSIC.